La medicina psicosomática ha sido definida desde el comienzo como una especialidad que va más allá de las especialidades recortadas, tomando una actitud peculiar frente a los distintos tipos de enfermos, considerando a la persona desde un punto de vista antropológico común en el que se atienden las tres dimensiones principales de su ser, es decir, la dimensión biológica, la dimensión psicológica y la dimensión social.

Esta medicina tiene como objetivo principal poder asistir un conjunto de situaciones clínicas y síndromes que ocupan un espacio que se extiende entre los campos de la medicina funcional y la psiquiatría, por lo que los enfermos en este punto requieren una asistencia clínica que logre abordar una actitud orgánica y con enfoques psicológicos relevantes para el paciente.

medicina psicosomatica

Algo que se ha notado dentro de la medicina psicosomática en los años recientes es que la cantidad de “enfermos funcionales” es algo que ha ido aumentando con el paso del tiempo. La respuesta a la pregunta de por qué ha estado ocurriendo esto se puede dividir en cuatro factores esenciales que condicionan este asunto:

  1. Puede deberse a que hay un mejor conocimiento diagnóstico, lo que posibilita un despistaje precoz del paciente en una manera auténtica de prevención secundaria.

  2. También se puede deber a un incremento de la longevidad de la población con una mayor incidencia en la tercera edad de estas enfermedades psicosomáticas.

  3. Es posible que haya un aumento de las enfermedades funcionales en general, especialmente depresiones ocultas en cierto nivel provocadas por la tensión de la rutina actual, la competitividad a la que se nos somete en la sociedad, la soledad que provoca la era digital en muchas personas o la fácil exposición a pérdidas afectivas.

  4. Finalmente el último factor a considerar son los cuadros genuinamente orgánicos que incluyen el componente psicosomático y ansioso-depresivo, provocado probablemente porque las personas en la actualidad tienden a valorar cada vez más su bienestar físico, haciendo que su pérdida se viva peor.

El diagnóstico psicosomático

El diagnóstico de los enfermos psicosomáticos no siempre es algo sencillo, ya que hay tres supuestos posibles que pueden ocurrir. En primer lugar se precisa el diagnóstico de distonía neurovegetativa, siendo el enfermo tratado con psicofármacos y siendo sometido a un riguroso régimen alimentario acompañado de un cambio de estilo de vida de manera conservadora y acertada. En segundo lugar se puede tratar de encuadrar el caso dentro de un síndrome definido en la patología general, formando las características originales de aquel. Finalmente el diagnóstico puede ser centrado en el aparato psíquico de manera exclusiva, etiquetando así al paciente de neurosis de angustia somatizada o histeria de conversión.

Debido a estos supuestos la única manera de lograr conseguir un diagnóstico correcto es que se tome la medicina psicosomática para abordar los tipos de patologías limítrofes entre la medicina general y la psiquiatría, pero siempre prevaleciendo la actitud médica, por supuesto, de manera tal que el profesional considere toda etiología y terapéutica de la enfermedad, pero tomando en cuenta a su vez las diferentes dimensiones que influyen en el paciente.